Cómo hacer vivir los valores de la organización en todas las generaciones
Una empresa con propósito definido y en fase de crecimiento necesita contar con una visión y misión actualizadas y con un marco de valores organizacionales que se apoye en comportamientos concretos en el día a día de los colaboradores.
¿Por qué una empresa necesita tener valores? Porque son los valores los que definen y delimitan prácticas coherentes de comunicación, liderazgo, reconocimiento por la entrega y el desempeño de los colaboradores y desarrollo de competencias.
El desafío de hacer vivir los valores de la organización en las generaciones más jóvenes
En los últimos años, SKOLAE Formación ha sido cada vez más solicitada como partner de organizaciones de distintos sectores que desean crear o, al menos, dar mayor visibilidad o “vida” a sus valores corporativos entre los colaboradores. En este contexto, se ha puesto un énfasis creciente en la inclusión y, particularmente, en el desafío de hacer vivir los valores de la organización entre generaciones más jóvenes, especialmente la generación Millennials y la Generación Z que, nacida a partir de 1997, comienza ahora a incorporarse con creciente relevancia a la vida profesional activa.
Los estudios sobre equipos de trabajo multigeneracionales, combinados con gran parte de la literatura de gestores y speakers internacionales dedicados al liderazgo híbrido y multigeneracional, han destacado que equipos con diferentes edades combinan experiencia rica y diversa, fluidez digital ampliada y diversidad de perspectivas, lo que constituye una ventaja competitiva cuando el liderazgo sabe aprovechar y clarificar el propósito de la organización (y de cada función) con la debida eficacia.
Activar y comunicar los valores en todas las generaciones
Los valores de una organización son su núcleo, su “suelo común”. Sin duda. No obstante, hacer vivir los valores de la organización en todas las generaciones exigirá siempre activarlos y comunicarlos de diferentes formas y formatos para que puedan implementarse en comportamientos concretos en todas las edades.
Comparto siete prácticas que deben considerarse a la hora de definir una estrategia de cultura organizacional que busque transformar un valor abstracto en un comportamiento concreto y vivido por todos:
- Valorar el patrimonio de valores y una visión clara, pero utilizar múltiples canales para transmitirlos (reuniones presenciales, plataformas digitales, vídeos breves, podcasts internos).
- Combinar momentos comunes (briefings de equipo, town halls) con iniciativas que puedan ser más específicas por grupo generacional.
- Asegurar flexibilidad en la participación: grupos de trabajo presenciales y comunidades online, mentoring tradicional (senior a junior) y reverse mentoring (junior a senior compartiendo y enseñando tecnología, inteligencia artificial o nuevas tendencias).
- Personalizar beneficios y ampliar las oportunidades en función de la etapa vital en la que se encuentran los colaboradores (fase de carrera, responsabilidades familiares, ambiciones personales).
- Crear el rol de embajadores o traductores de cultura, valorando que sea un grupo compuesto por distintas generaciones que pueda traducir la visión y la misión en indicadores operativos que todo el equipo comprenda en la práctica, así como en iniciativas de team building que permitan vivir los valores diariamente.
- Involucrar y reconocer a Millennials y Generación Z en “equipos de innovación de servicio” que prueben nuevas experiencias y reflexionen sobre lo que puede mejorarse en el producto o servicio prestado.
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Constituir equipos de proyecto intergeneracionales para diseñar nuevos servicios, mejorar procesos y resolver problemas transversales de la organización.
Que cada colaborador vea su papel en la misión y sienta que los valores no son solo palabras, sino la forma concreta de servir al cliente todos los días.
Estrategia clara, tácticas adaptadas a cada generación
De este modo, pudiendo estas siete prácticas funcionar como premisas para un posible plan de acción de transformación (o valorización) de la cultura organizacional, es fundamental que la estrategia sea única y clara, pero que las tácticas puedan ser distintas, diversificadas y adaptadas a las diferentes generaciones presentes en la organización, de forma que cada colaborador vea su papel en la misión y sienta que los valores no son únicamente palabras, sino la manera concreta de servir al cliente cada día.
Por Nuno Jorge, Head of Sales, Formación y Consultoría de SKOLAE Formación
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